Los estudiantes de secundaria y universidad reclaman reformas urgentes: aulas superpobladas, falta de docentes, instalaciones deterioradas y rechazo al sistema Parcoursup. La protesta ya dejó más de 147 docentes heridos y graves denuncias de violencia policial. El movimiento crece y promete continuar tras las vacaciones.
La quinta jornada de movilizaciones estudiantiles en Francia no solo expuso la magnitud de la protesta, sino también la profundidad de la crisis educativa que atraviesa el país. Los estudiantes de los lycées —jóvenes de entre 15 y 18 años— reclaman una reforma integral del sistema: aulas superpobladas, falta de reemplazos docentes, edificios deteriorados y el rechazo al sistema de acceso universitario Parcoursup.
“Necesitamos medidas reales y un diálogo verdadero, no represión”, dijo Emeline, de 16 años, frente a un instituto de Marsella. En la misma ciudad, Nina, de 17, agregó: “Estamos aquí porque sentimos de verdad que el Gobierno no nos escucha”. La respuesta oficial, que prometió enviar 3.000 profesores sustitutos a los centros más afectados, fue considerada insuficiente por los estudiantes.
El movimiento también denuncia la violencia policial. Desde el inicio de las protestas, 147 docentes resultaron heridos y varios estudiantes sufrieron lesiones graves: un adolescente perdió una mano al recoger una granada aturdidora, otro perdió un ojo y un tercero varios dientes por el impacto de gas lacrimógeno. La policía abrió investigaciones internas sobre 34 denuncias, aunque fuentes elevan el número a 36.
En París, la movilización reunió a estudiantes, docentes, sindicatos y figuras políticas como Jean-Luc Mélenchon. Incluso la activista sueca Greta Thunberg participó de una marcha en Saint-Denis, afirmando que “nuestro futuro está siendo robado”.
Los sindicatos advierten que Francia está “al borde de la ruptura”. La CGT llamó a una huelga general para el 5 de noviembre, mientras que el fin de semana del 18 se espera la reaparición de los chalecos amarillos, lo que podría confluir con el movimiento estudiantil y generar un escenario de alta tensión.
Los estudiantes prometen continuar tras las vacaciones de octubre. “Quienes piensan que la ira va a desaparecer no lo entienden”, dijo Mariolino, de 16 años, en Nantes. La crisis educativa francesa ya no es solo un reclamo sectorial: es un síntoma de un país que exige ser escuchado.
Fuente: Radio+🎙️Multimedia 104.9 Mhz.
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