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“Del adiós al milagro: Messi regresa al lugar donde creyó que todo había terminado”

En el mismo túnel donde una década atrás creyó que todo había terminado, Lionel Messi vuelve a caminar hacia una final del mundo. No lo hace solo: lo acompaña un país entero que aprendió a levantarse como él. Nueva York se volvió Buenos Aires por un día, y la selección llega al partido decisivo con una convicción que no nació de la euforia, sino de la historia.

Hay días que valen una vida entera. Y para miles de argentinos que hoy caminan por Nueva York, este es uno de esos días. No hace falta mirar el calendario ni recordar que se juega una final del mundo: alcanza con ver cómo se abrazan desconocidos en Times Square, cómo se mezclan los cantitos con el ruido de los rascacielos, cómo una camiseta de Messi aparece en cada cuadra como si fuera una señal.

En el centro de esa marea celeste y blanca, vuelve a aparecer él. Messi. El mismo que hace diez años salió del MetLife con la mirada perdida y una frase que todavía duele: Se terminó para mí la selección. Por el bien de todos.” Esa noche creyó que no había más camino. Que el sueño se había roto para siempre. Pero la vida —y el fútbol— le tenían guardada otra historia.

Hoy regresa al mismo estadio convertido en el capitán que cambió la historia. Ganó la Copa América, la Finalissima, el Mundial de Qatar y otra Copa América. A los 39 años, ya no tiene nada que demostrar. Sin embargo, vuelve a estar ahí, delante de todos, sosteniendo la ilusión de un país que aprendió a competir como él: sin desesperarse, sin rendirse, sin dejar de creer.

La selección llega a esta final con una seguridad que se fue construyendo partido a partido. No nació de un golpe de suerte. Nació de remontadas imposibles, de goles sobre la hora, de noches en las que el equipo parecía caerse y terminaba levantándose. Contra Inglaterra, cuando quedaban cinco minutos, volvió a hacerlo. Contra Egipto, cuando estaba 0-2, también. Contra Suiza, en el alargue. Contra Cabo Verde, en el final. Cada obstáculo fue un ladrillo más en la confianza.

Nueva York lo sabe. Lo siente. Por eso Central Park se llenó de banderas, por eso Times Square se volvió un banderazo gigante, por eso familias que viven en distintos países eligieron esta final para reencontrarse. La ciudad sigue siendo la misma, pero por unas horas tiene olor a parrilla, ritmo de murga y la certeza de que algo grande puede pasar.

Del otro lado espera España, campeón de Europa y dueño de la defensa más sólida del Mundial. Será un choque de estilos, de historias y de viejos conocidos: Scaloni frente a Luis de la Fuente, el alumno contra el profesor. Pero esta selección ya demostró que sabe competir en cualquier escenario. Lo hizo dominando, sufriendo, esperando, buscando. Lo hizo siempre confiando.

En 2016, Messi creyó que su camino había terminado. Hoy vuelve a recorrer ese túnel acompañado por un grupo que creció viéndolo levantarse una y otra vez. Ya no está solo. Detrás suyo caminan sus compañeros, su cuerpo técnico, y miles de argentinos que dejaron tiempo, dinero y comodidad para estar ahí, convencidos de que hay partidos que justifican cualquier esfuerzo.

Es hoy. No porque lo diga el calendario. No porque sea una final. Es hoy porque la historia volvió a abrir una puerta. Y Argentina, como siempre, va a salir a buscarla.

Fuente:Radio + Multimedia 104.9