Lo que está pasando en el sector textil de Tierra del Fuego no es una crisis: es un desmantelamiento en cámara lenta. Un apagón industrial que se ve venir desde hace meses y que ahora ya no se puede disimular. De las once fábricas que alguna vez dieron trabajo, dignidad y arraigo en Río Grande, solo quedan cinco, y funcionan como pueden, al 25% de su capacidad, casi por respirador.
Rodrigo Cárcamo, de SETIA, lo dijo sin anestesia: “Hoy quedan 245 trabajadores en actividad”.
Hace unos años eran casi mil un 75% menos.Un derrumbe que no necesita metáforas: es gente real, con 25 años de antigüedad, 45 o 50 años de edad, que ahora mira el futuro con la angustia de saber que reinsertarse es casi imposible.
La postal es brutal: familias que se van de la provincia, otras que sobreviven como pueden en la informalidad, y fábricas que ya no fabrican. Porque ese es el nuevo modelo: empresas que abandonaron la producción para convertirse en importadoras. Compran afuera, venden acá y listo.¿Trabajo local? ¿Valor agregado? ¿Salarios?
Eso quedó en el pasado.
Cárcamo lo explicó con una claridad que duele:Una planta que produce necesita cien operarios.
Una empresa que importa se arregla con diez.La matemática del ajuste.Mientras tanto, las que siguen abiertas trabajan con miedo: miedo a stockearse, miedo a no vender, miedo a que el mercado interno —ya pulverizado— termine de caer. Y encima, sin insumos. Sin previsibilidad. Sin reglas.
El golpe no queda dentro de las fábricas.Se siente en las obras sociales, que pierden aportantes.En el comercio de Río Grande, que ya ve caer las ventas.En la recaudación provincial, que empieza a flaquear.
Y, como advirtió Cárcamo, si la industria privada se destruye, el impacto llega al empleo público. No hay magia.
A todo esto se suma la herida política: el sector textil fue excluido de la última prórroga del subrégimen industrial. La electrónica tuvo certezas. La textil, no.Un mensaje claro: arréglense como puedan.Cárcamo lo resumió en una frase que debería encender todas las alarmas:
“Si el rumbo macroeconómico no cambia, la perspectiva para la industria textil es nula.”
No es un reclamo sectorial.Es un aviso de colapso.Y esta vez, no hay margen para mirar para otro lado.
Fuente Radio Mas 104.9 Multimedia