Cenizas de una entrega que no fue
En una jornada atravesada por represión en las calles y fragilidad dentro del recinto, el oficialismo terminó exhibiendo su límite político: para evitar una derrota completa, tuvo que amputar los dos pilares de su proyecto insignia. Sin la autorización para la venta de tierras a capitales extranjeros ni la desregulación del Manejo del Fuego, la administración de Javier Milei mostró que su arquitectura parlamentaria ya no es suficiente para sostener iniciativas de alto costo soberano.
El Senado aprobó una versión deshilachada de la llamada “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, que llegó al recinto convertida en un cuerpo sin órganos vitales. Lo que el Gobierno había presentado como una refundación del derecho de propiedad terminó reducido a un texto mutilado. Patricia Bullrich, encargada de conducir la estrategia legislativa, debió sacrificar el corazón del proyecto —la extranjerización de territorios— y el capítulo de incendios para conseguir apenas 37 votos, una cifra que confirma el desgaste del bloque aliado, que supo reunir 44 voluntades y hoy se muestra erosionado por el costo político de la entrega territorial.
La caída del capítulo de Manejo del Fuego fue el resultado de una operación opositora que articuló al peronismo con bloques provinciales y sectores del radicalismo. La presión social también jugó su parte: la multitud que resistió los gases en las calles se filtró en el recinto, donde incluso los aliados más disciplinados comenzaron a medir el impacto de votar contra la soberanía nacional. El gesto de la Selección argentina reclamando por Malvinas terminó de quebrar apoyos que el oficialismo daba por garantizados.
Lo que sobrevivió de la ley, sin embargo, mantiene un sesgo punitivo hacia los sectores populares. Bajo el argumento de fortalecer la seguridad jurídica, se aprobó un sistema de desalojos exprés que habilita restituciones inmediatas de inmuebles sin sentencia firme, dejando a millones de inquilinos en una situación de extrema vulnerabilidad. A esto se suma un blindaje para las empresas estatales frente a futuras expropiaciones, una maniobra que busca asegurar que el remate del patrimonio público sea irreversible cuando el Gobierno vuelva a intentarlo.
El saldo político es claro: el oficialismo no logró imponer su proyecto de entrega territorial y terminó refugiándose en un esquema de castigo social. La Casa Rosada exhibió grietas internas, pérdida de aliados y una desconexión evidente con el clima de época. La resistencia social y política le torció el brazo, y el intento de avanzar sobre la tierra y el fuego quedó reducido a cenizas.
Fuente: Radio + 🎙️Multimedia 104.9