El ingeniero pesquero e investigador de la UTN, Ariel Giamportone, analizó los recientes anuncios del Gobierno provincial sobre el desarrollo acuícola y advirtió la ausencia de datos clave sobre escalas productivas, especies, tecnología y financiamiento. También cuestionó el rol del Estado en la secuencia de inversiones y planteó dudas sobre el impacto real en el empleo. “¿Por qué la acuicultura haría en cinco años lo que la pesca no hizo en cuarenta?”, preguntó.
Giamportone encendió las alarmas: anuncios acuícolas sin datos, sin escalas y sin precisiones
Los anuncios del Gobierno provincial sobre nuevos proyectos acuícolas volvieron a abrir el debate dentro del ámbito técnico y académico.
El ingeniero pesquero Ariel Giamportone, docente e investigador de la UTN Tierra del Fuego, analizó tres iniciativas difundidas en los últimos días y planteó dudas sobre la falta de información concreta.
Su lectura fue quirúrgica: convenios sanitarios, cartas de intención y anuncios de inversiones que, vistos en conjunto, dejan más interrogantes que certezas.
Cooke, una gigante del salmón, sin mencionar la palabra “salmón”
Uno de los puntos más sensibles señalados por Giamportone fue la participación de Wanchese Argentina S.R.L., vinculada al grupo canadiense Cooke, uno de los mayores productores de salmón atlántico del mundo.
El investigador remarcó que en ninguna comunicación oficial aparece la palabra “salmón”, pese a que la empresa es globalmente conocida por esa actividad y mostró interés en Tierra del Fuego tras la aprobación de la Ley 1601.
La omisión, para Giamportone, no es menor:
“Hablan de empleo y desarrollo, pero no dicen qué especie ni en qué escala”.
“No aparecen las toneladas proyectadas”: sin números no hay política productiva
El especialista fue directo:
“No aparecen las toneladas proyectadas. Sin eso, no se puede hablar de empleo ni de proveedores”.
Para dimensionar el debate, recordó que la producción acuícola fueguina en 2024 fue de apenas 22,5 toneladas, un volumen insignificante frente a cualquier expectativa de impacto económico o laboral.
Sin metas productivas, cualquier promesa de empleo queda en el terreno de la especulación.
El Estado primero, el privado después: una secuencia invertida
Otro punto crítico del análisis fue la secuencia de inversiones.
Giamportone observó que:
- Primero se firmó el convenio con SENASA.
- Luego se comprometieron fondos del FAMP para infraestructura acuícola.
- Recién después aparecieron cartas de intención de empresas privadas.
Su síntesis fue contundente:
“El Estado construye la infraestructura primero y el privado evalúa después”.
La pregunta incómoda: “¿Por qué la acuicultura haría en cinco años lo que la pesca no hizo en cuarenta?”
El eje más profundo del planteo de Giamportone fue histórico.
Recordó que la pesca fueguina —langostino, merluza negra, centolla, polaca— operó durante cuatro décadas bajo un modelo exportador, con escasa industrialización en tierra y bajo impacto en el empleo local.
En ese marco, cuestionó la expectativa oficial de que la acuicultura genere un salto productivo sin precedentes.
“¿Por qué la acuicultura haría en cinco años lo que la pesca no hizo en cuarenta?”, preguntó.
También dudó de que una empresa como Cooke, orientada globalmente a la exportación de materia prima, modifique su modelo solo por operar en Tierra del Fuego.
Propuestas: fortalecer lo que ya existe antes de apostar a lo desconocido
Giamportone planteó alternativas concretas:
- mayor procesamiento en plantas provinciales,
- revisar normativas de procesamiento a bordo,
- promover productos con valor agregado,
- fortalecer cadenas productivas ya consolidadas.
No se trata de rechazar la acuicultura, aclaró, sino de evitar discursos vacíos.
Mitilicultura sí, improvisación no
El investigador destacó la experiencia positiva de la mitilicultura en el Canal Beagle, actividad técnicamente adecuada para la provincia y con potencial real.
Pero insistió en que cualquier proyecto debe partir de información clara y verificable.
“Faltan cuatro datos básicos: toneladas, especie, tecnología y fondos”
El cierre de Giamportone fue tan técnico como político:
“Lo único que pediría es que el discurso oficial diga las cuatro cosas que faltan: cuántas toneladas, de qué especie, con qué tecnología y con qué fondos. Mientras eso no esté, ‘polo’ es un adjetivo”.
En un contexto donde la palabra “acuicultura” empieza a ocupar titulares, su advertencia apunta a evitar que la provincia repita viejos errores con nombres nuevos.
Fuente: Radio + 🎙️Multimedia 104.9