EN VIVO Y DESCARGA

Murió Taty Almeida, histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y símbolo de la lucha contra la impunidad

A los 95 años falleció Taty Almeida, una de las voces más firmes y queridas del movimiento de derechos humanos en la Argentina. Su vida quedó marcada para siempre el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro fue desaparecido. Desde entonces, dedicó más de medio siglo a exigir justicia, memoria y verdad, convirtiéndose en una figura imprescindible de la lucha contra el terrorismo de Estado.

Taty —Lydia Estela Mercedes Miy Uranga— nació en 1930 en una familia de tradición militar. Su historia personal dio un giro irreversible cuando Alejandro, militante del PRT-ERP y estudiante de medicina, fue secuestrado meses antes del golpe de 1976. Desde ese día inició una búsqueda incansable que la llevó a interpelar a altos mandos de las Fuerzas Armadas y a sumarse, con el tiempo, a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Su llegada al colectivo no fue inmediata: temía que su entorno familiar la volviera sospechosa. Pero cuando finalmente cruzó la puerta de la Casa de las Madres, encontró un espacio donde su dolor se transformó en acción colectiva. Desde entonces, su pañuelo blanco se volvió un emblema de resistencia.

A lo largo de las décadas, Taty fue una de las voces que insistió en que la represión estatal no comenzó con el golpe del 24 de marzo de 1976, sino antes. Su propia historia lo demostraba. También fue promotora de la idea de que la democracia debía sostenerse con justicia y memoria, no con olvido.

Con el retorno institucional en 1983, declaró ante la Conadep y acompañó cada avance judicial contra los responsables del terrorismo de Estado. Nunca dejó de buscar a Alejandro ni de reclamar por los miles de desaparecidos. Tampoco dejó de repetir que el tiempo no cura las heridas: “Cada día lo extraño más”, decía.

En los últimos años, Taty se convirtió en presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Participó de movilizaciones, acompañó a organismos, visitó a Cristina Fernández de Kirchner durante su prisión domiciliaria y fue una de las caras visibles de la multitudinaria marcha del 24 de marzo de 2026, al cumplirse 50 años del golpe.

Su presencia pública combinaba firmeza política y una calidez que la volvía entrañable. En la radio, en actos, en escuelas o universidades, repetía su mantra: “No nos han vencido”. En abril, la Universidad de Buenos Aires la distinguió con el doctorado honoris causa, un reconocimiento que la emocionó profundamente.

Taty dejó instrucciones claras sobre cómo quería ser despedida: en FOETRA, el sindicato donde celebró tantos cumpleaños y encuentros militantes. “Quiero que me recuerden con mi carácter chinchudo, mis discusiones y mi alegría de vivir”, había dicho.

Murió acompañada por su familia en el Hospital Italiano. Su partida deja un vacío enorme en el movimiento de derechos humanos y en una sociedad que sigue reclamando justicia por los 30.000. Su voz seguirá resonando en cada marcha, en cada pañuelo blanco, en cada lucha contra la impunidad.

Fuente: Radio +Mas 104.9