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El 25 de Mayo que desnudó la grieta real: tarifazo, el embudo del Puente Mosconi y el mensaje que nadie quiso escuchar

Mientras el arzobispo García Cuerva sacudía la modorra de la dirigencia nacional en el Tedeum, Tierra del Fuego pasaba su propia factura de realidad: el boleto de colectivo se dispara por la motosierra a los subsidios y el histórico Puente Mosconi vuelve a ser el epicentro de la desidia de infraestructura. La Patagonia, atrapada entre el ajuste de la Casa Rosada y la falta de reflejos locales.

EDITORIAL | Por la Redacción de 3D Magazinne

A la Patagonia ya no le entran los discursos pensados para la General Paz. El último 25 de mayo dejó en evidencia que, mientras la política nacional dirime sus batallas culturales en los atriles, en Tierra del Fuego el ajuste entra por la puerta grande. El inminente golpe al bolsillo con la suba del boleto de colectivos y la renovada —y eterna— polémica por el colapso del Puente Mosconi en Río Grande marcan el termómetro de una provincia que empieza a sentir la asfixia. Todo esto cruzado por la advertencia más pesada que escuchó la “casta” en meses: el “la gente no da más” que lanzó el arzobispo Jorge García Cuerva.

Fierros, bolsillos y el costo de vivir en el sur

El aumento del transporte urbano en la isla no es una decisión aislada ni un capricho empresarial; es el efecto dominó de un centralismo porteño que cortó el grifo de los subsidios al interior. El pasaje sube porque la plata de Nación no baja. En el medio queda el trabajador fueguino, el que absorbe el costo de vida más alto del país y el que tiene que cruzar el puente todos los días para ir a la fábrica.

Y ahí radica el segundo gran nervio expuesto de la jornada. El General Mosconi, esa arteria vital y crónicamente infartada que conecta a los vecinos de la Margen Sur con el resto de Río Grande, volvió a encender las alarmas. Con la directiva de “obra pública cero” firmada a fuego por la administración Milei, las promesas de un puente alternativo o de soluciones viales de fondo quedaron congeladas.

Hoy, el Mosconi no es solo un embudo de chapa y cemento que ahoga el tránsito en horas pico: es el símbolo físico del estancamiento de una infraestructura que quedó chica frente al crecimiento demográfico y la apatía estatal.

La lectura federal: un Excel que no entiende de geografía

No es casualidad que la agenda caliente de Tierra del Fuego choque de frente con la homilía de García Cuerva. “No nos hagamos los tontos, hay que acompañar con hechos”, le disparó el clérigo en la cara al establishment nacional.

Ese mensaje bajó directo al sur. La lectura política es ineludible: la Rosada sigue mirando los números de la macroeconomía en un Excel, mientras en el sur el termómetro social marca bajo cero. La provincia, siempre obligada a defender su régimen industrial ante los puristas del libre mercado que operan desde los escritorios de CABA, enfrenta una encrucijada peligrosa. El recorte al transporte y la falta de inversión para descomprimir el Mosconi son apenas la punta del iceberg de un modelo de asfixia financiera a las provincias.

El feriado patrio pasó, pero la resaca quedó. Sin fondos frescos y con la presión de una sociedad a la que se le exige “heroísmo” económico, los ejecutivos locales deberán hacer malabares para contener un malestar que ya se respira en la calle. El clero lo dijo en la Catedral de Buenos Aires, pero el eco rebotó fuerte en el puente de Río Grande: la paciencia tiene un límite y con discursos ya no se paga el boleto.

Fuente: 3D Magazzine🎙️Radio Mas 104.9