En Ushuaia, el Consejo de la Magistratura hizo lo que muchos ya daban por descontado: cerró las presentaciones de jury contra el juez Ernesto Loffler y bajó la persiana sin titubear.
Todo rápido, prolijo… demasiado prolijo.
La presidenta del Consejo, Miriam Edith Cristiano, presentó un informe que desestimó punto por punto la ampliación del pedido de jury presentada por el abogado Antonio Petkos. Tres hechos nuevos, tres portazos. Nada para ver, circulen.
El acompañamiento fue quirúrgico:
Fiscal de Estado Virgilio Martínez de Sucre,
los legisladores opositores Jorge Lechman y Victoria Vuoto,
el abogado Marcelo Castelli.
Todos alineados detrás del informe de Cristiano.
Solo Jorge Canals, ministro de Gobierno, votó en contra. Uno solo.
Resultado: actuaciones cerradas, Loffler afuera de cualquier riesgo, y el Consejo mandando un mensaje clarito.
Porque más allá del formalismo, lo que quedó flotando en el aire es otra cosa:
cuando el poder judicial se cierra en sí mismo, no hay grieta política que lo atraviese.
Se protegen entre ellos, blindan a los suyos, y la discusión pública queda mirando desde afuera.
El pedido inicial ya había sido rechazado en la sesión anterior. La ampliación corrió la misma suerte.
Todo en tiempo récord.
Todo sin ruido.
Todo sin que nadie se despeine.
En Tierra del Fuego, cuando el Consejo decide cerrar filas, no entra ni el viento del Canal.
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